El muelle de la bahía

Viernes, 10 Marzo 2017 11:16 Escrito por  Ginés Vera Publicado en Ginés Vera Visto 207 veces

La nave espacial llegó al planeta más alejado del sistema solar. Al comprobar durante el aterrizaje, y ya en la superficie, que la atmósfera era respirable decidieron quitarse las escafandras. El primer día tomaron muestras del terreno y realizaron los análisis meteorológicos previstos en la misión de varios días. Aunque se presumía deshabitado, el segundo día oyeron una suerte de sonidos, a modo de trinos de pájaros sin apreciar la evidencia de ningún ave. El tercero, vieron asomar a unos habitantes antropomórficos temerosos por su presencia. No parecían hostiles, anotó  el biólogo jefe de la misión, sin embargo, advirtió algo extraño en su comportamiento. Los siguientes días realizó nuevas anotaciones, quedó fascinado por la riqueza del lenguaje gestual y melódico entre aquellos seres a falta de uno oral. Emitían silbidos y otros trinos guturales para expresar sus emociones. Los habitantes del lejano planeta FoxP2 no manifestaban agrado sonriendo, ni miedo encogiéndose; si se sentían molestos no afeaban el rostro ni gritaban para denotar su alegría. Al biólogo le hubiera gustado quedarse más días para seguir estudiando a sus habitantes, su lenguaje sonoro y la teoría de Darwin, pero la tripulación tenía una misión que cumplir. Se despidió de ellos a la manera terráquea, escondiendo unas lágrimas, mirando cómo se alejaban asomado a la escotilla, mientras aquellos saltaban en aparente alegría, alzando las manos, silbando a coro la melodía que aquel les había enseñado: era su forma de expresar llanto y tristeza por el amigo que se les iba. 

 

Ginés Vera

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