La memoria de la democracia

Divendres, 24 Febrer 2017 10:47 Escrit per  Ginés Vera Publicat en Ginés Vera Vist 269 vegades

Durante días no supimos nada de nuestro ‘amado’ líder. Las autoridades, en realidad el pequeño grupo de personas de su confianza, tomaron las riendas del país. Se cancelaron las visitas protocolarias al extranjero y los encuentros con otros mandatarios de estado. No era una agenda muy apretada. Nuestro presidente había alcanzado el poder tras derrocar a un sangriento dictador, pero en pocos años, y con la aprobación de controvertidas leyes a su favor, se había transformado en otro casi peor para su pueblo. Se desmantelaron libertades, se empobrecieron regiones, se obedecía sin rechistar por miedo a las represalias. Las cárceles se llenaron de presos políticos, como se les llamaba. En realidad, se trataba de personas que en algún momento habían expresado su opinión contraria al régimen o habían querido huir solos o con su familia. Peor suerte corrían quienes quisieron denunciar los atropellos a la democracia, ya fueran periodistas o simples vecinos en tertulias clandestinas, como el hijo de Mamá Rosa, a estos no se les volvía a ver. Ni ella dejó de buscarle ni de llorarle. Tampoco al líder se le vio durante semanas, que fueron meses, corrió el rumor de que estaba enfermo. Más tarde, que a causa de un accidente había perdido la memoria. No se acordaba de quién era, ni quién su mujer, su familia o los ministros que ahora dirigían la nación por él, como él. Nuestro amado líder no recordaba ya las decisiones que había tomado durante décadas, ni las torturas ni la hambruna forzada ni los presos en las cárceles ni la represión de las ideas y de las palabras. Al final, los ministros fueron abriendo el puño, las cosas comenzaron a cambiar lentamente. Se reestableció la democracia que debimos haber disfrutado durante todo ese tiempo. Regresó la felicidad y la alegría a los pueblos y ciudades, fue como comenzar a despertar de una larga pesadilla. Un día, en nuestro barrio, apareció un coche negro del que se bajaron varias personas trajeadas. Una de ellas lo miraba todo con curiosidad, los otros le acompañaban en silencio. Tardamos en reconocerle. Perecía un tipo normal, un turista, hubo quien le saludó afable. Mamá Rosa salió a hablarle con la mirada crispada, los tipos la detuvieron. Después nos gritó que no entendía, le pareció que éramos nosotros los enfermos, no él, que era a nosotros a quienes se nos hubiera borrado la memoria por accidente.

 

Ginés Vera

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